Deshabitar(me): lo que hace un artista

Vamos por parte, éste texto soy yo tirada en mi cama luego de tomarme dos horas para cocinar el menú de lo que me queda de semana, limpiar el baño, la pieza, tomar una ducha y acostarme después de encender el aire a veintitrés grados y plantearme que algo tengo que empezar a hacer con mi tiempo. Y es que, hace semanas que me va bien si como o no como, si me ejercito o no me ejercito, si leo o veo la televisión, aunque esto me genere un cargo de consciencia insoportable. Sólo soy yo frente a mí misma preguntándome ¿Qué carajos estoy haciendo con mi vida?

Especial: Ningún número más

No, no más cifras, no más números: esos seres humanos son personas reales con sentimientos reales que tratan de aprender a lidiar con una patología que amenaza con limitarlos mental y emocionalmente. El encierro afecta la capacidad motriz, las habilidades sociales y el desenvolvimiento dentro de este mundo veloz que cambia constantemente cada vez más. Ninguna persona tendría que residir en espacios que deterioren su capacidad cognitiva y su relación con la realidad, tolerar maltratos y vejaciones, sucumbir ante el abandono de parientes y amigos.

Aquí manda la luz

Nuestra esencia, esa fuerza interna que compone nuestra mirada al universo es, probablemente, lo más valioso que tenemos en la vida. Aunque el trabajo era cada vez más arduo, difícil, colmado de llanto y episodios de ira o sufrimiento sostenido, cada que liberaba y asumía una de mis heridas me iba sintiendo más y más liviana. Ya no quise maquillar mi vida, ni mi rostro, ni mis gustos, ni mis pecados. Comencé a abrazar mi enfermedad en lugar de luchar contra ella y fue comprendiendo que pude ir más allá.

No abras la puerta

Quería tener el potencial necesario para que mi maestro aceptara tutorear mi trabajo, quería ser reconocida como buena. No ansiaba un título en papel sino que los espectadores se movilizarán con mis imágenes y conectarán con la profundidad de su interior.

Get up and fight: El recital de MUSE

Si podía cantar y escuchar el increíble acople de aquellos artistas que parecían mostrarme cosas que había olvidado durante años, podía seguir viviendo, podía darme una segunda oportunidad. Entonces todo se hizo más que evidente: me había perdonado. Y ahí, llena de sudor y lluvia cuando Matt entonó los primeros coros de Starlight, yo comencé a llorar pero esta vez ya no lo hice por dolor, sino por haber entendido que era momento de vivir mi vida lejos de aquellos barrotes auto impuestos dentro de mi cárcel mental

¿Sigo siendo después de mí?

Completé todo: Una carrera, un buen empleo, reconocimiento público, amor pasional, amistades auténticas, viajes, migración, la caída del artista… No tenía porqué cumplir una fase de redención ¿Que pasaría con mi cuerpo una vez que hubiese desaparecido? Al día de hoy sigo sin saberlo ¿Una fosa común? ¿Incineración? ¿Repatriación? Estaba cansada de luchar, del dolor, de levantar la cabeza cada día sin saber hacia dónde mirar.

Siempre hay un roto para un descosido

Me rebozaba el sentimiento de culpa y decepción hacia mí misma, el encontrar el reflejo que me devolvía el espejo y que no era otra que una mujer de rostro hinchado, cabello desprolijo y expresión indiferente que bien podría inspirar muchos sentimientos pero seguramente casi ninguno positivo. Esa no era la yo que YO recordaba ¿Acaso había siquiera existido?

Agua corre por mi cara, mate de mi corazón

Nada borra el hecho de haber perdido la razón, de que lastimaste personas amadas e intentaste cosas que podían haber tenido un desenlace fatal. Créanme, los que han experimentado todo esto la tienen clara y es bastante difícil convivir con esas memorias. Es por eso que cuando estás librando esa batalla en la que sientes que la enfermedad te derrota en tantas formas distintas, lo que menos necesitas es crueldad, justificada o no, del exterior.

Especial: Hablemos de suicidio.

En honor a todas las personas que no consiguieron seguir adelante porque el dolor les llevó a tomar un camino sin retorno, hago eco de ésta problemática y como artista, profesional y sobreviviente les invito a incluir la palabra en su vocabulario: suicidio, como un acto que puede ser evitado si nos damos el espacio para demostrar alternativas en donde abandonemos el juicio y pongamos más en práctica la empatia, donde comprendamos que la salud mental es tan válida e importante como cualquier otra. Podemos hacer la diferencia, podemos cambiar y salvar vidas.

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar