Un umbral llamado depresión [Parte I]

Por ello considero que el arte no nos invita evadir sino a comprender desde otra perspectiva lo que llevamos por dentro desde un entendimiento tan libre que tiene el poder de alejarnos del sufrimiento, del dolor, del victimismo y permitirnos un espacio para ensamblar todos nuestros pedazos, inclusive los que nos fueron arrebatados. Es aceptar que tenemos matices y recordar que son todos ellos los que componen una obra, dan carácter a una sinfonía o construyen un personaje sobre un escenario.

La libertad no se negocia

Le solté, rompí el lazo y enterré ese anillo como símbolo de mí fortaleza interna: mi libertad no iba a ser negociada y tampoco lo serían mis vínculos, el arte y la capacidad para soñar plenamente dentro de este mundo tan banal. Me di cuenta entonces que no le había amado menos de lo que yo pensaba sino que le había amado de forma diferente, nuestro amor era un amor adulto que dentro de todas las cosas duras que me había enseñado, también me había demostrado que si existía un después.

No abras la puerta

Quería tener el potencial necesario para que mi maestro aceptara tutorear mi trabajo, quería ser reconocida como buena. No ansiaba un título en papel sino que los espectadores se movilizarán con mis imágenes y conectarán con la profundidad de su interior.

Get up and fight: El recital de MUSE

Si podía cantar y escuchar el increíble acople de aquellos artistas que parecían mostrarme cosas que había olvidado durante años, podía seguir viviendo, podía darme una segunda oportunidad. Entonces todo se hizo más que evidente: me había perdonado. Y ahí, llena de sudor y lluvia cuando Matt entonó los primeros coros de Starlight, yo comencé a llorar pero esta vez ya no lo hice por dolor, sino por haber entendido que era momento de vivir mi vida lejos de aquellos barrotes auto impuestos dentro de mi cárcel mental

¿Sigo siendo después de mí?

Completé todo: Una carrera, un buen empleo, reconocimiento público, amor pasional, amistades auténticas, viajes, migración, la caída del artista… No tenía porqué cumplir una fase de redención ¿Que pasaría con mi cuerpo una vez que hubiese desaparecido? Al día de hoy sigo sin saberlo ¿Una fosa común? ¿Incineración? ¿Repatriación? Estaba cansada de luchar, del dolor, de levantar la cabeza cada día sin saber hacia dónde mirar.

Siempre hay un roto para un descosido

Me rebozaba el sentimiento de culpa y decepción hacia mí misma, el encontrar el reflejo que me devolvía el espejo y que no era otra que una mujer de rostro hinchado, cabello desprolijo y expresión indiferente que bien podría inspirar muchos sentimientos pero seguramente casi ninguno positivo. Esa no era la yo que YO recordaba ¿Acaso había siquiera existido?

Los locos del Alvear

Éste texto reúne de forma sincronizada diferentes puntos de vista y opiniones otorgadas por pacientes psiquiátricos que estuvieron internados en el Hospital Alvear durante el verano del año dos mil dieciocho. Éste testimonio pretende abrir una puerta hacia la concientización del cuidado de la salud mental, el apoyo y comprensión que requiere una persona que atraviesa el difícil proceso de rearmarse así mismo luego de una crisis de índole mental.

Agua corre por mi cara, mate de mi corazón

Nada borra el hecho de haber perdido la razón, de que lastimaste personas amadas e intentaste cosas que podían haber tenido un desenlace fatal. Créanme, los que han experimentado todo esto la tienen clara y es bastante difícil convivir con esas memorias. Es por eso que cuando estás librando esa batalla en la que sientes que la enfermedad te derrota en tantas formas distintas, lo que menos necesitas es crueldad, justificada o no, del exterior.

Instrucciones para caer: adiós

Justo en ese momento hace casi ya dos años, yo perdí la batalla. No hablo solo de perder como alguien que pierde un arete, un nivel en un videojuego o una materia en la universidad. Hablo de destruir todo lo conocido, lo amado. Hablo de ausentarte de ti mismo hasta nuevo aviso y sin saber realmente si volverás. Es darte cuenta que casi te arrancaste la carne de los brazos con mordidas voluntarias que tú misma accionaste.

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