Deshabitar(me): lo que hace un artista

La vida es desierto y oasis,

Nos derriba, nos lastima,

Nos enseña,

Nos convierte en protagonistas de nuestra propia historia.

No te detengas – Autor anónimo

Empezando el año, luego de más de un mes sin publicar y no puedo evitar batirme a duelo con la culpa por haber deshabitado el espacio tanto tiempo. Sé de sobra que no fue por irresponsable o por evadir mis proyectos sino porque diciembre con su consumismo y masas acapararon mi tiempo con la excusa de hacer de la navidad un evento más feliz. Aún no comprendo el derroche, todavía no me hallo dentro del protocolo elitista. 

Antes de éste, comencé la redacción de tres textos; no he podido culminar ninguno. Cuando mi compañera de cuarto se fue de viaje, ingenuamente consideré que al tener la habitación sólo para mi podría escribir y producir más ideas; pero fallé. Ahora acá, luego de que han transcurrido veintiséis días del mes de enero, puedo admitir sin que me quede nada por dentro que he podido identificar en mí misma un patrón de años: enero siempre y absolutamente siempre me ha costado horrores porque suele ser una verdadera mierda, a eso sumenle el calor sofocante del verano. 

Vamos por parte, éste texto soy yo tirada en mi cama luego de tomarme dos horas para cocinar el menú de lo que me queda de semana, limpiar el baño, la pieza, tomar una ducha y acostarme después de encender el aire a veintitrés grados y plantearme que algo tengo que empezar a hacer con mi tiempo. Y es que, hace semanas que me va bien si como o no como, si me ejercito o no me ejercito, si leo o veo la televisión, aunque esto me genere un cargo de consciencia insoportable. Sólo soy yo frente a mí misma preguntándome ¿Qué carajos estoy haciendo con mi vida? 

Arranqué bien el año, los primeros días estaba cansada pero feliz y luego tomé una decisión estúpida. Quizás no fue solo una sino varias que repercutieron en un malestar crónico de vacío y ansiedad. Esto me llevó a replantearme una meta con severidad: si alguien va a hablar mal de mí espero y quiero ser yo misma. Es duro porque cuando me nublo puedo ser bastante idiota, la mayoría de mis allegados entiende que no lo hago de pesimista ni mucho menos de maldita, sino porque tengo una comprensión emocional bastante torpe. Las cosas se me fueron tontamente de las manos y una situación particular me hirió de manera tal que terminé llorando en el baño de mi trabajo sin poder respirar, acudiendo al agua en el rostro y a conversaciones a distancia. La pasé bastante mal pero asumo que la realidad necesitaba darme una lección: no importa lo mucho que escriba o trate de plasmar el camino que recorro con la idea de fomentar la empatia, el juicio más doloroso suele venir de las personas que más amamos. 

Ese día un amigo querido se quedó conmigo y el domingo mi actriz incondicional me acompañó en la distancia a tomar un helado en el parque: pistacho y brownie para el corazón. Y lloré, y trate de escribir pero volví a llorar por sentirme una inútil, un fiasco y una mentira. Esa que te dice que te tomes el momento para respirar y mantenerte en el ahora pero que no consigue recordar como respirar con el diafragma y se ahoga en el proceso. Así que la ansiedad me ha estado matando: no me deja dormir, me genera jaqueca, me ha contracturado la cervical, me produce dolor en el pecho, me provoca culpa, me tira sobre la cama y me lleva a encender el televisor solo para no pensar y a veces dentro de mi cabeza hablan tantas voces al mismo tiempo que siento que en un descuido podría cortarla. Esto no es algo nuevo pero en esta ocasión tengo la capacidad de construir la idea a través de las palabras.

No se asusten, en realidad si he estado bastante ocupada siendo irresponsable conmigo pero no me he aislado del afuera, aunque las ganas no han faltado he continuado poniendo en práctica la bien adquirida habilidad de pedir ayuda y es aquí es donde viene la parte divertida de esta historia. 

Si algo me ha llevado a escribir este texto cuya longitud desconozco (y estoy procurando no enloquecer porque estoy dándome permiso para romper mis patrones al escribir) es la idea de lo que debe o puede ser un artista. Es algo que me tortura con frecuencia pero por estos días ha sido más intenso. Me pienso poca cosa al lado del tremendo talento de mis colegas (a quienes admiro y aprecio profundamente) pero, mientras escuchaba a Chris Cornell con el agua resbalando por mi cabeza me di cuenta de que ninguno es igual. Y si, hay quienes han tenido aciertos en lo que desean y exponen, trabajan de lo que les gusta y ganan bien por ello, y hay quienes ejecutan labores titánicas para transformar su mundo desde la enseñanza o el perfeccionamiento de su técnica simplemente para cambiar su universo. Están haciendo su parte y saben que es  lo más hermoso de todo esto, que son felices mientras lo hacen. Entonces ¿Qué te hace artista?

Valora la belleza de las cosas simples.

Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,

Pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.

Eso transforma la vida en un infierno

No te detengas – Autor anónimo

En mi vida hay una mujer muy bella quien en este momento libra una lucha interna para superar su abismo. Hablamos constantemente y me comparte su proceso mediante palabras y textos. Me ha conmovido de una forma que no puedo explicar y en sus dilemas internos siempre me recuerda que debo mantenerme siendo luz porque yo le ayudo a alumbrar su oscuridad. Entonces quizás ser artista sea eso, tener la capacidad de tocar el espíritu de otra persona con amor y respeto para sacudirlo desde dentro o quizás, ser artista sea sólo una palabra inventada para justificar una profesión tan ambigua en este mundo tan desacoplado y extraño que necesita ponerle etiquetas a todo lo que ve. 

Lo que si puedo asegurar es que, a mitad de mis dilemas y de mi imbancable depresión, he reencontrado a un pedacito de mi vida que extrañaba incluso más de lo que podía recordar. Hace diez años, yo conocí a un muchacho del que me prendí de forma infantil e inmadura. Las cosas con él no funcionaron pero en cambio me dio el pie para conocer a todo su grupo de amigos de entonces, jóvenes, músicos y desastrosos, fue allí donde construí una de las relaciones de amistad más bonitas de mi vida. Esa persona, me confesó a los pocos meses de haberme visto por primera vez que no podía pensar en que alguien como yo estudiase otra cosa que no fuesen artes. 

Todo esto se debe a que esa tarde yo salía de una reunión en el auditorio de la universidad en donde habían convocado a estudiantes que quisieran participar de actividades para apoyar a las personas afectadas por los deslaves provocados por las lluvias de ese diciembre del año dos mil diez. Yo era una nena tonta de diecisiete años que no podía entablar siquiera una conversación casual con otras personas pero pensaba que quizás mi colaboración podría ser de ayuda para la situación. Esa tarde en los pasillos de la universidad pude expresar mi sentir y mis ganas de «cambiar el mundo para mejor» y él lo escuchó. Hace pocos días nos hemos reencontrado y reído al unísono, luego de tanto tiempo sigo siendo la misma muchachita idealista sólo que con más experiencia y más claridad al actuar. 

Me ha abrazado y dicho muchas veces lo orgulloso que está de ver lo que he crecido y superado mis propios límites. Es irónico, hacía casi seis años que no cruzábamos palabra y desde que nos conectamos no hemos dejado de hablar un solo día. Pienso entonces en cómo el universo y la vida nos hacen entender de la forma que menos esperamos que las cosas no las podemos controlar, la vida fluye y las decisiones pesan pero cuando tenemos contratos con otras personas y es ésta la vida que nos consigue para transformar algo en nosotros, nada ni nadie lo pueden evitar. 

Se lo decía por estos días, le compartí la fea sensación de sentir siempre que se me va a acabar el tiempo. Y es repetirme una y otra vez que no existe una edad para aprender a convivir contigo mismo ni tampoco una fecha en la que caduque la felicidad. Hace un par de semanas me tatúe y mientras conversaba con la mujer mágica que me inyectó su tinta, le comenté que mi sueño era ser financieramente independiente antes de cumplir treinta y más allá de eso: mi sueño es que alguien quiera pagarme por escribir. Entonces me recordó que quizás no suceda tan rápido, capaz tome más tiempo del esperado pero si cumplo treinta años y eso aún no ha pasado no significará el final del mundo conocido sino que más bien me faltará menos camino que cuando comencé.

LastTime – Ura Urdaneta

Así que aunque sigo luchando con el monstruo y me cuesta horrores levantarme de la cama al despertar, saber que tengo esta segunda oportunidad de vida para hacer las cosas distintas me impulsa a dejar de justificar el miedo y a andar un poquito más. Podría haber muerto hace dos años pero eso no pasó y si estoy aquí debe de ser porque me falta completar algo y estoy empeñada en comprender de qué se trata. Procuraré dejar de taladrar mi cabeza con la pregunta de si soy o no soy realmente una artista, o una persona con talento, o una mujer bonita, o una buena persona; me basta con saber que la vida no tendría sentido si el arte no formara parte de ella. 

No siempre estaré tan abajo como hoy pero sé que siempre tendré personas que me escriban poesías, que me regalen atardeceres, que me abracen cuando me duela la cabeza, que me compartan canciones, que me lleven a su casa porque saben que no quiero estar sola ese día, que me preparen arepas con nata y café o que me lleven el almuerzo cuando no he tenido voluntad para cocinar. Creo que me tocaba vivir un trecho más para experimentar con consciencia estos niveles de amor y de ternura, para aprender que la vida no siempre duele ni sangra sino más bien te abraza y anima, tal y como hace la luna o la luz del sol al mediodía.

Disfruta el pánico que te provoca

Tener la vida por delante.

Vívela intensamente,

Sin mediocridad.

Piensa que en ti está el futuro

Y encara la tarea con orgullo y sin miedo.

Aprende de quienes puedan enseñarte.

No te detengas – Autor anónimo

Publicado por Ura Urdaneta Echezuria

Artista integral, escritora y sobreviviente. Escribo para tratar de entender lo que me pasa. Egresada como Artista Plástica en la Universidad Experimental Nacional de las Artes; Caracas - Venezuela. Actualmente residiendo en Buenos Aires.. Creo en el arte como posibilidad, como vehículo para la transformación personal y social. Promuevo la información para derribar los estigmas que existen en torno a la salud mental; podemos hacer la diferencia, podemos salvar vidas.

Un comentario en “Deshabitar(me): lo que hace un artista

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