Modo hibernación

Me gusta sentir

Que cuando te necesito

Le hacemos trampa

Al tiempo

Y nos cruzamos

De vereda

Por un rato

Nina Ferrari

Despierto en domingo, la mayoría de las veces me doy el permiso de dormir hasta pasadas las doce. Me gusta dormir. Suelo levantarme y comer algo del día anterior, o algo ligero, a veces pido empanadas para almorzar y otras meriendo directamente con mis amigos. Los domingos son mis días libres así que procuro aprovecharlos para pensar menos. 

Es sólo una intención, nunca pasa. 

Particularmente estas semanas me ha costado mucho conciliar el sueño antes de las tres de la mañana, lo que representa un problema dado que mi horario de trabajo consta de diez horas que pueden parecer interminables. Es como si no pudiese apagarlo, digo, mi cerebro; quiero que entre en modo hibernación. 

No me ha gustado nunca excusarme bajo la consecuencias de la etiqueta que ser inmigrante aplica, pero es real. No sólo se trata de independencia financiera y emocional, es la suma de todo y que casi nadie que no haya pasado por lo mismo consigue comprender. Te cuidas, te mimas, te obligas y también te recuerdas que eres tu primera razón para continuar sabiendo que directamente no hay nada ni nadie que te respalde. Extraño tener a quien pedirle que me prepare una taza de té, o arepas, o café con chocolate. Extraño la buena compañía durante una película los fines de semana. Extraño tener un gato o un perro a quien abrazar antes de dormir. 

Te ha tocado caminar solo en un sendero con pandemia. 

Tengo mis manías y me toca lidiar con ellas sola, ya no tengo quien me las recuerde. Soy estricta conmigo, planifico cosas con rigor y en el camino me vuelvo más flexible porque sé que de nada sirve hacerse mala sangre por algo que no puedes controlar. Tengo una libreta para escribir en donde solo puedo usar una lapicera especial porque es la lapicera de esa libreta. Tengo monedas que no quiero gastar y dinero que administrar que no quiero tocar por más tentada que me encuentre. Consumo en promedio más de tres litros de agua al día y no puedo salir del cuarto si no hago primero la cama. Necesito escribir cada idea que surge al momento porque temo olvidarlo, no quiero perder nada más.

Tengo un serio problema de adicción al azúcar, me gustan las galletas, lavo mi cabello una vez a la semana y no siempre me tomo el tiempo de untarme crema después de bañarme. Evito saber de personas cuyo bienestar puede repercutir violentamente en mi estado de ánimo, sé que es egoísta pero también un mecanismo de autodefensa. Sino consigo adelantar alguna cosa, entrenar, escribir o dibujar antes de dormir siento que he fracasado ese día. 

Exceso de productividad, le dicen: autoexigencia. 

Con todo y eso, esta semana no he podido regir mi disciplina. Me dormí sin leer, sin pintar, sin cantar o hacer alguna cosa que considere de utilidad. Mi cuerpo me mantuvo en reposo físico con un cansancio abismal al tiempo que mi cabeza parecía no poder detenerse. Si lo pienso, puedo dibujarlo con muchos colores azules y puntos blancos de mayor a menor grado de intensidad y tamaño. Danzando mientras se entrecruzan como si fuesen galaxias clandestinas que sólo yo puedo mirar.

Me gusta el silencio pero no siempre puedo practicarlo. 

Comparto el apartamento con tres personas más y la habitación con una de ellas. A veces solo quisiera llegar y no hablar durante horas pero en este momento no es compatible con mi realidad. Me he vuelto bastante callada los últimos años. No me gusta la música urbana, no me gustan las letras que no dicen nada pero he aprendido a escucharlas y a tolerarlas para considerarme un ser más abierto socialmente hablando. No sé si es ansiedad social pero ya no me gusta permanecer en reuniones en las que por descarte soy la excepción: la distinta. Prefiero mi paz. 

Me mantuve en regla durante muchos meses publicando cada noche los sábados, puliendo los textos entre semana y escribiendo primero a mano y luego en papel. Ya no se me day tan fácil, el instinto de supervivencia me alcanzó y lo cierto es que no llego a hacer todo lo que me gustaría por priorizar otras actividades. Caigo entonces en la culpa cuando prefiero reunirme con amigos que extrañaba y compartir una tarde en lugar de quedarme escribiendo en casa; pero no quiero dejar de vivir experiencias gratas por solo dedicarme al oficio. El resto de los días puedo llegar a sentirme realmente sola. 

Volvemos a la convivencia individual: no es sencillo vivir sola en otro país. Sabemos que la soledad es relativa porque existen los amigos y personas dispuestas a apoyar pero se acrecienta en parte la comprensión de que aunque puedas mimetizarte lo cierto es que no perteneces del todo a un lugar. Aún te chocan los cambios de estación y sigues sin comprender la diferencia entre los colores de invierno y los colores primaverales, no entiendes como una sociedad puede vanagloriar tanto a un deportista cuyo mayor logro fue un gol tramposo, pero estas ahí en medio del duelo expresando una opinión frontal que te vuelve a recordar: vos no sos de acá. 

Aún así me las arreglo y en realidad me gusta, allá tampoco me sentía pertenecer a nada por lo que supongo que el problema lo tengo yo. Quizás lo tenemos muchos otros. 

No planeaba escribir algo así esta semana pero salió, se me dio luego de que la fiebre me subió anoche y tendida en cama pensaba en qué pasaría si no amanecía mejor. He logrado sobrevivir sola a mis propias limitaciones, he conseguido administrar mis vicios y temores de la misma forma en que lo hago con mis ingresos, he conseguido sentirme cómoda con la mujer que soy. Aún me falta.

Autorretrato – Ura Urdaneta 2020

He pensado en mí, en mis palabras, en mi fuerte linaje de vocación pedagoga cuestionando si quizás yo pueda enseñar algo que los otros quieran aprender. Esta cabeza que no se apaga y absorbe tanta información que hasta satura sus funciones. ¿Podré exteriorizar tantas ideas? Me da miedo no ser buena, me da temor encontrarme con que en realidad nada sepa de lo que creo saber. 

Y los que no arriesgan no ganan.

Hoy soy breve, concisa y directa: me ha dolido tanto la cabeza que quiero vomitar. Caminando por la avenida Santa Fe con esta noche fría y la radio sonando en los auriculares, escucho cómo hablan de las fiestas y vuelvo a sentir que nada de eso importa desde que dejé mi país, quizás desde antes. Quisiera comprar un vestido para recibir el año y regalarme un libro que hace mucho no he vuelto a leer. Despacio, no me adelanto a nada. Ura, es aquí y es ahora, el futuro vendrá solo. 

Un cuartito a la mañana, uno al medio día, uno a la tarde y a la noche un cuartito y una entera. Aún con esto ya no estoy obesa y eso me gusta, sentirme linda aunque sea solo para hablarle al espejo. Terminé la clase de yoga, una ducha y el jabón vegano que huele a avellana y casis, empanadas al horno con queso venezolano y morrón ahumado. Ahora escribo y antes de dormir iré a meditar. Un día tras otro en esta vida que se siente tan real que asusta, en esta ciudad en la que puedes perderte si no tienes cuidado. 

Nadie me dijo que emigraría, nadie me enseñó cómo soltar lo que duele. Como tantas otras cosas: todo eso lo elegí yo y estoy feliz de haberlo hecho. 

El aire de la costa te despeina engañando a tu cerebro para que creas que caminas junto al mar. Me gusta, se parece un poco a la vida y a sus espejismos: no se necesita ser inmenso para ser inolvidable. Me quedo con esa frase que se me atravesó en la tarde en que una mariquita besó con ternura mi anular.

Publicado por Ura Urdaneta Echezuria

Artista integral, escritora y sobreviviente. Escribo para tratar de entender lo que me pasa. Egresada como Artista Plástica en la Universidad Experimental Nacional de las Artes; Caracas - Venezuela. Actualmente residiendo en Buenos Aires.. Creo en el arte como posibilidad, como vehículo para la transformación personal y social. Promuevo la información para derribar los estigmas que existen en torno a la salud mental; podemos hacer la diferencia, podemos salvar vidas.

Un comentario en “Modo hibernación

  1. Muy bueno Urania. Es muy bueno que guardes esta bitácora porque pasarán algunos años Hasta que te sientas mejor y la medicación baje y seas más libre de ti. Tu ayer. Este es el recuerdo de tu proceso para que veas que no fue en vano la transición al presente. Un abrazo grande desde mi experiencia.

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