Remitente: Tesorito escondido

No recuerdo con que edad comencé a escribir, probablemente rozaba los diez. Tenía ya varios años dibujando pero cuando pude narrar esas historias que ilustraba, algo dentro de mi cambió. He escrito muchas cartas en los últimos años, sobretodo a esos amores tan apasionados que experimenté pero tuve que verme de lejos para caer en cuenta que ni siquiera como ejercicio me di la oportunidad de hacerlo para ti. Es decir, te dediqué mi trabajo especial de grado pero ni con eso te diste cuenta de lo que quería decir. Hoy si, hoy por vez primera y sin miedo quiero hablar humanamente en voz alta, sin censura.


Cuando empecé la terapia en el hospital, el tratamiento tenía el fin de evitar mi inminente caída y de verdad lo intentaron. El área de medicina de estrés post-traumático fue la que tomó mi caso, me hicieron un breve examen con evaluación escrita y oral para luego recetarme antidepresivos, ansiolíticos y antipsicóticos. «Escucho voces, huelo sangre, veo el baño pintado de rojo». ¿Sabes que le dije a mi psicólogo? Que sentía que todos los hombres que amaba me habían abandonado, empezando por ti que se supone debías protegerme. Yo no razonaba entonces, estaba tan decepcionada de la vida que no lograba articular ideas o pensamientos que no fuesen desde el lugar de la víctima: ¿Por qué a mi? En realidad mi hermano y él no tenían porque sostenerme, ni resguardarme, si proporcionarme esa seguridad anhelada. He leído en internet una frase que reza: «Sino sanas tus heridas sangraras sobre personas que no te han lastimado». Y eso hice, sin parar. Quizá ese olor oxidado era algo que brotaba de mis propias venas, sin control desde mi garganta y eso me estaba asfixiando.


Detenerme y apilar mientras organizo la casa, reconstruir mi historia buscando el origen del problema y comprender al fin que desde que nací he sido diferente pero fueron los límites, tus límites los que determinaron mis mayores crisis. Las niñas son suaves, son educadas, pensantes, inteligentes, calladas, las niñas son como muñecas. Estuviste tan ausente y al mismo tiempo tan presente esos años que consigo rememorar con amor las escapadas al cine, las ardillas de la plaza Bolívar, los músicos de cuadra, los pintores de circunstancias y al mismo tiempo me embarga una profunda impotencia al saberme detenida porque estaba prohibido correr, saltar, usar prendas a la moda, ir de paseo con mis primos o mis amigas, tenía una mente brillante que te gustaba resaltar pero tenías miedo del alcance de mis pensamientos.


No me malinterpretes, me hago cargo pero tuvo que venir el psicólogo con sus enormes ojos azules a travesar mi cabeza para hacer consciente que al Yo ser ese Tesorito escondido del que tanto presumías, terminé convirtiéndome en un ser invisible y de cierta manera, en una persona que luchaba para que tú, el único capaz de verme, me dieses tú aprobación en cada cosa que hacía. No deseaba ser excepcional pero trabajaste con ahínco para hacerme creer que debía serlo en todo.


Surge el amor y el odio. La no comprensión de mi misma, de mi identidad. Aceptaba y vislumbraba cosas de mi cotidianidad como parte de una rutina normal, como lo que debía ser. Tus tardes de fin de semana tomando en aquel bar cerca de casa, tú llegando con helados antes de seguir la ronda sentado en la cocina con tu paquete de cigarrillos y boleros en el equipo de sonido. Vi a mi hermano enfadarse durante años pero nunca entendí porque, tú me llamabas a tu regazo envuelto en humo y olor a whisky para preguntarme por mí, por lo que pensaba y por lo que hacia. Nunca fue ésta la atención que yo quería, veía a mamá encerrada como un pájaro dentro de una jaula dorada, recuerdo cada lagrima que le hiciste derramar y que se esforzaba por ocultar, a mi hermano crecer en medio de todos sus sentimientos confundido y luego a mi, al no saber. 


Cuando me derivaron a terapia a los doce años nunca creí que estuviese loca, entendía que necesitaba ayuda para lidiar con el mundo pero entonces no supe el porqué. No aceptaste ir a las sesiones con mi psicóloga ni una sola vez, a sabiendas de mi situación, a decir verdad evitaste hacer la mayoría de las cosas que te colocarían un freno, que te cantarían las verdades que demandaran un cambio. Siempre estuve agradecida de que aprobaras la idea de la universidad para una licenciatura en artes o en letras pero mi adolescente se dio el permiso de revelarse contra tú ideal de femineidad ejemplar. Adopté el color negro como insignia y bajo su ausencia de luz escondí mi frustración durante años, al menos hasta que comencé a pasar más tiempo fuera de casa y a sentirme libre por primera vez. Tu machismo y su normalización dentro de nuestra familia como creencia fundamental me llevaron a creer largo tiempo que no merecía ser amada, al menos de forma romántica.


Te veo sentado con mi mamá sirviéndote y mientras te observo le recalcas que no podré casarme nunca porque no sé hacer nada. Me subestimaste varias veces en las cosas más tontas, me creías capaz de construir un edificio pero no de lavar un plato. Todo pasó tan rápido, tan bruscamente ¿cómo decirle a otro que tú adolescencia fue coartada de golpe? ¿Que saltaste de tener dieciséis a tener veintiuno? En ese momento me convencí que la vida era algo que no debía valorarse tanto como creía porque fueron tus decisiones y no las mías las que causaron soledad durante varios meses. Mi mamá se dedicó enteramente a ayudarte y apoyarte, mi hermano trataba de lidiar con su vida adulta y todo su miedo, yo tenía a mis gatas y una guitarra nueva junto a la cama pero la casa se volvió tan grande que los pasillos parecían avenidas y el jardín el amazonas. Estaba en silencio, sola conmigo y sin ti.


Estaba tan molesta con todo y por todo ¿Por qué no habías sido capaz de amarte y de respetarte? Si hubieses tratado de sanar jamás nos hubieses lastimado. Fue allí donde entendí desde donde trabaja el ego, bajo esa falsa sensación de control que tanto me inculcaste y que al final nos lleva a erguirnos desde un lugar en el que perdemos la capacidad de comprender al otro, de ponernos en sus zapatos y respirar su aire. El lugar que decidiste ocupar invisibilizando a quienes realmente te necesitábamos. Pasé de ser todo lo que veías a la nada misma pero aunque sufrí el sentir tu abandono tuve la libertad de desprenderme de tú yugo, cosa que no duró mucho tiempo porque pasé a someterme al mío. Si, cada enseñanza quedó tatuada en mí, siempre por encima de lo bueno negando los límites, atentando contra mi propia estabilidad emocional.

Tesorito escondido – Ura Urdaneta 2016

No sé si alguna vez encontraré la conciliación por el daño que causaste, no a mi sino a quienes más amaba. Aún después de balancearlo todo entiendo que lo que más me duele es lo mucho que te amo, y el que aún dando siempre lo mejor que tenía nunca sentí que para ti fuera suficiente: «Lo mejor es superior a lo bueno»; esto es tan subjetivo papá, yo no quería ser la mejor, quería ser feliz, sentirme aceptada tal cual era, enamorarme, cometer errores, que me rompieran el corazón y estuvieses tú ahí para consolarme. Yo quería una juventud como la que había disfrutado mi hermano, las mismas oportunidades, la misma libertad que le correspondía, según tú, por ser varón. 


No quiero ser injusta, escribí estas palabras sin querer ser trascendente o benevolente, estoy transcribiendo cosas que he pensado y me he obligado a no sentir por temor a lastimar. Valoro y atesoro mucho el hecho de que tú conocimiento y amplitud de mente te hayan hecho saber desde siempre que quien decide estudiar artes no es un hippie bohemio sin futuro, estabas perfectamente al tanto de las dificultades del gremio desde mucho antes de que arrancara mis estudios y aún así me apoyaste, no hubo un sólo momento en el que no creyeras en mi. A veces me gusta imaginarte ayudándome a redactar textos o a repasar ideas filosóficas o de pensadores en los que pueda sustentar mis investigaciones. También imagino una vida en la que no convivimos pero tienes tú casa y yo te visito, bromeamos, cocinamos juntos, compartimos una cerveza un domingo por la tarde. Papá, juego mucho a imaginar cosas porque el tiempo es cruel y tú ya tienes ochenta años y un territorio que nos separa. 


No hay manera de que existan suficientes palabras que conjuguen en un texto lo mucho que he llegado a odiarte, solo se puede odiar lo que hemos amado inmensamente. Hoy, y aún después de todo lo que he escrito desde la cólera, yo elijo amar y perdonar todo el daño que me hice a través de ti. Que sepas que no me rindo, creo que el universo me mantuvo en este plano para darnos la oportunidad de hacer las cosas bien. Papá, me parezco más a ti de lo que me gustaría pero al menos en ese parecido brilla más la genialidad y el empuje que los vicios y la negación. La vida es muy breve para permanecer enojados. Te honro, te respeto, te amo, después de todo, eres mi papá, el que siempre supo que mi vida estaría en las artes y en las letras.

Dedicatoria del trabajo especial de grado – Ura Urdaneta 2017

Publicado por Ura Urdaneta Echezuria

Artista integral, escritora y sobreviviente. Escribo para tratar de entender lo que me pasa. Egresada como Artista Plástica en la Universidad Experimental Nacional de las Artes; Caracas - Venezuela. Actualmente residiendo en Buenos Aires.. Creo en el arte como posibilidad, como vehículo para la transformación personal y social. Promuevo la información para derribar los estigmas que existen en torno a la salud mental; podemos hacer la diferencia, podemos salvar vidas.

3 comentarios sobre “Remitente: Tesorito escondido

  1. Oh Urania eras un precioso volcán que ha decidido erupciones y para sanar por dentro primero, aplausos de pie para ti, niña valiente. Quizá no me recuerdes pero yo a ti si, y creo que aún conservo una carta que me regalaste en uno de los tantos viajes que hacían a San Juan de Colón 🥰Saludos de corazón y para adelante queriete te cada día más.

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    1. Giulli aunque no recuerdo tu rostro con nitidez si recuerdo nuestras tardes. Algunos dicen por ahí que las personas pueden olvidar formas y momentos pero nunca olvidan lo que el otro les hizo sentir, y yo recuerdo que fui muy feliz contigo. Te abrazo muy fuerte y gracias

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