En honor a todas las personas que no consiguieron seguir adelante porque el dolor les llevó a tomar un camino sin retorno, hago eco de ésta problemática y como artista, profesional y sobreviviente les invito a incluir la palabra en su vocabulario: suicidio, como un acto que puede ser evitado si nos damos el espacio para demostrar alternativas en donde abandonemos el juicio y pongamos más en práctica la empatia, donde comprendamos que la salud mental es tan válida e importante como cualquier otra. Podemos hacer la diferencia, podemos cambiar y salvar vidas.
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Instrucciones para caer: adiós
Justo en ese momento hace casi ya dos años, yo perdí la batalla. No hablo solo de perder como alguien que pierde un arete, un nivel en un videojuego o una materia en la universidad. Hablo de destruir todo lo conocido, lo amado. Hablo de ausentarte de ti mismo hasta nuevo aviso y sin saber realmente si volverás. Es darte cuenta que casi te arrancaste la carne de los brazos con mordidas voluntarias que tú misma accionaste.
Instrucciones para caer: caramelos
Al principio, aquello era solamente llanto y disociación, repetía escenas de episodios dolorosos una y otra vez, las sentía en mi cuerpo arder como una llama destructora. Luego pasaba y al retomar conciencia trataba de hallarme dentro de aquel espacio rectangular en Villa Crespo.
Instrucciones para caer: suicidio
No era que quisiera matarme, solo deseaba morir. No existía entonces ninguna acción pequeña o grande de la cotidianidad que no doliera con la intensidad de una quemadura de tercer grado, mientras más tiempo me miraba, menos me encontraba.
Instrucciones para caer: romper
En ese momento, ambos llorabamos angustiados por la misma razón: no podíamos reconocer a la persona en la que me estaba convirtiendo y no entendiamos que estaba pasando conmigo.
Más allá del límite
Tu vida es tuya, no eres lo que te pasó sino lo que decides hacer con ello. Mi nombre es Urania y sufro de trastorno límite de la personalidad.
Desarraigo: Donde todo converge
Y es que ésta diaspora venezolana guarda tantas historias increíbles que la mía sólo es una cuenta del rosario infinito que abarca el mundo entero. Todo aquello que no ha sido dicho todavía, en unos años será el legado que edifique la moral de nuestra amada tierra.
Una estampa para el perdón
Quienes hacemos parte del colectivo lo hemos aprendido, lo hemos hecho consciente. Yo llegué a creer que no había vida después de los veinticinco, después de haber muerto en tantos lugares y de tantas formas distintas, luego de lograr buena parte de los objetivos que me había planteado a corto plazo, de haber tropezado y dicho tantas estupideces estando fuera de mi, de conseguir que aquellos hombres férreos y estoicos lloraran como criaturas, de tragar tantas pastillas deseando desaparecer, de irrespetar mis creencias y valores, de orillar a mi familia a perder la razón.
Por donde entra la luz
Y aunque para el común de la población pueda parecerle ridículo y simple el vago retrato de la cotidianidad de cualquiera, quien les escribe es una persona que no se cepillaba los dientes por la noche porque no tenía ganas, que dormía doce horas o más con tal de evadirse, que no establecía diálogo presencial con prácticamente nadie y que no podía ver demasiada televisión porque le generaba ansiedad.
Autopsia para un desastre
No eran los de afuera quienes me guardaban rencor, era yo quien se sentía incapaz de perdonarse. La idea de morir dejó de ser sólo eso cuando la convertí en realidad. Se me terminó el tiempo para surfear los traumas instaurados en mi sistema, las cosas dichas y hechas, las mentiras y la ilimitada capacidad personal para hacerme cargo de de todo el mundo menos de mí misma.