Fuera de foco

Quiero dejarlo por escrito, quiero hacer una declaración libertaria el día de hoy. Quiero revocarle el poder de pensar o de creerse con la potestad de asegurar que me volví loca por su causa, por su amor, por su rechazo. Nunca me sentí con tanta necesidad de aclararlo frente al mundo como ahora: yo no me perdí por él, no fue el motivo que me internó en un psiquiátrico ni tampoco el que me hizo querer saltar del edificio. Se equivoca, no fue él. No, no y no, era el infierno que llevaba por dentro y en el que permanecí sumida durante tantos años hecha trizas y pedazos lo que me arrastró hasta el fondo. Basta de regodearse sobre la falsa idea de ser el centro de mi vida. Fue todo y le quise como a nadie, pero ni siquiera eso fue suficiente para darme ganas de vivir y esa es la prueba de que no le debo mi locura, ella siempre estuvo dentro de mi.

Especial: Ningún número más

No, no más cifras, no más números: esos seres humanos son personas reales con sentimientos reales que tratan de aprender a lidiar con una patología que amenaza con limitarlos mental y emocionalmente. El encierro afecta la capacidad motriz, las habilidades sociales y el desenvolvimiento dentro de este mundo veloz que cambia constantemente cada vez más. Ninguna persona tendría que residir en espacios que deterioren su capacidad cognitiva y su relación con la realidad, tolerar maltratos y vejaciones, sucumbir ante el abandono de parientes y amigos.

Instrucciones para caer: adiós

Justo en ese momento hace casi ya dos años, yo perdí la batalla. No hablo solo de perder como alguien que pierde un arete, un nivel en un videojuego o una materia en la universidad. Hablo de destruir todo lo conocido, lo amado. Hablo de ausentarte de ti mismo hasta nuevo aviso y sin saber realmente si volverás. Es darte cuenta que casi te arrancaste la carne de los brazos con mordidas voluntarias que tú misma accionaste.

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar