Los límites de la frontera

Mi cuerpo dejó de pertenecerme, estaba desligada del tacto, de las caricias o los maltratos, tenía ese vacío interno que me daba plena seguridad de que en cualquier momento los edificios a mi alrededor se derrumbarían. Pasé largas noches con los ojos pesados de cansancio sin poder dormir, desesperada hiperventilando angustiada y sin saber a quién acudir. Sabía que estaban cansados de mi y de todo, yo estaba cansada de no disfrutar nada, de olvidar cosas, de no ser divertida, de no saber sonreír. Quería desaparecer.

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