«Una huella es la presencia de una ausencia» solía decirnos Víctor en los años de universidad. Este que es mi cuerpo es más que carne y unidad, son retazos de momentos, son pinceladas, son cortes, son todos los cabellos que se caen en otoño y las uñas que se quiebran durante la jornada. Mi ser por entero es justamente la presencia de esa ausencia, de eso que fue pero ya no es.
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De la bronca y otros demonios
«Urania, estas escribiendo con bronca» Eso es lo que dicta mi conciencia y si, es momento de dejar salir un poco la rabia en estas letras. Que no se me olvide que yo también soy humana y que neciamente volví a colocar el pecho desnudo para que dispararan.
Ensayar la despedida
Necesito reconstruir este mapa imaginario con palabras, necesito darle contexto, necesito entender el porqué del apego, una explicación a mi dolor. Comprender porqué separarse se siente como si estuviesen arrancándome la piel de a trozos.
De amistad y redención
Quizás ninguno deseaba volver a ser herido, tal vez el miedo de perder lo conocido fue superior a la fuerza de su cariño. Por eso pude perdonar y perdonarme todo lo que pasó hace ya tres años. La redención no implica conciliar con el que nos lastimó sino con el daño en sí, somos humanos, tenemos cosas buenas y otras que no lo son tanto.
Temporada de autodesprecio
Temporada de autodesprecio porque cuando visualizo al espejo solo veo al monstruo de ojos inyectados en sangre, con piel palida y los labios secos. Temporada de odios porque no puedo abandonar el cuero que me recubre y correr detrás de un sueño liviano. Temporada de silencio porque hablar es el equivalente a golpear.
No hay respuestas correctas ni lugares seguros cuando la violencia te mancha dentro de tú propia cabeza.
Tener veintisiete
Soy Urania y he decido dejar de luchar contra eso. Soy lo que soy y siempre seré suficiente para quienes quieran comprender y abrazar mi integridad sin juicios.
La que era ella
Entonces ¿Quién era Urania hace tres años? Era una mujercita caprichosa y delgada que había logrado culminar la licenciatura en Artes Plásticas, que se desempeñaba como Especialista en Eventos dentro de la oficina de Promoción Cultural en una importante fundación, estaba realizando un Diplomado en Psicodrama, tomaba clases de canto los días lunes en una escuela de teatro, se había adjudicado las responsabilidades de su casa, iba alternando la frustración con la emoción y mantenía una relación a distancia con una persona a la que amaba profundamente pero a quien ya no podía comprender del todo, situación que funcionaba de la misma forma en viceversa.
La herida
Se equivocan, yo no soy especial por estar rota pues la normativa de mi sistema familiar siempre fue golpear hasta quebrar, destrozar y alterar; el abandono, la evasión, la falta de responsabilidad. Crecí pensando que todas las personas que conocería serían tal cual aquellos que en algún momento me lastimaron a mí, o a mis primos. Pensaba y pensé hasta hace dos años que la consecuencia de estar viva era irremediablemente sentir dolor, hasta que entendí que el daño que le generas a una criatura en la primera infancia le acompañará toda la vida y qué no hay nada capaz de compensar el sentirse vulnerado dentro del lugar que se supone debería protegerte.
La maison deiu
Y yo que no entendía nada lo sentí todo. Fue cómo verme caer al vacío desde mi oficina en piso seis, como perder el norte trazado por mi Ávila, fue volver a sentirme cobijada e inutilizada por la penumbra, fue observarme nuevamente derrotada por la oscuridad. Ella fue versando carta por carta cómo sobreviví estos años a mi peor enemigo: yo.
El viento lo llevamos por dentro
Todos los lenguajes humanos y también los espirituales me resuenan como ecos dentro de mi propio esternón. La que soy, la que puedo ser es mucho más que memorias dolorosas. He convivido tanto tiempo con el miedo de volver a ser algo cercano a lo que fui que he acabado suponiendo que mi intensidad e intuición recaían en la disfuncionalidad de mi vivir, del entorno y mis vinculaciones afectivas.