Autopsia para un desastre

No eran los de afuera quienes me guardaban rencor, era yo quien se sentía incapaz de perdonarse. La idea de morir dejó de ser sólo eso cuando la convertí en realidad. Se me terminó el tiempo para surfear los traumas instaurados en mi sistema, las cosas dichas y hechas, las mentiras y la ilimitada capacidad personal para hacerme cargo de de todo el mundo menos de mí misma.

Remitente: Tesorito escondido

Estaba tan molesta con todo y por todo ¿Por qué no habías sido capaz de amarte y de respetarte? Si hubieses tratado de sanar jamás nos hubieses lastimado. Fue allí donde entendí desde donde trabaja el ego, bajo esa falsa sensación de control que tanto me inculcaste y que al final nos lleva a erguirnos desde un lugar en el que perdemos la capacidad de comprender al otro, de ponernos en sus zapatos y respirar su aire. El lugar que decidiste ocupar invisibilizando a quienes realmente te necesitábamos.

Cable a tierra

La escuela de arte me abrió el pecho en todos los sentidos y me habitó, comenzaron a vivir en mi personas talentosas y valientes que me mostraron caminos que yo no conocía, nuevas formas de hacer las cosas, nuevas posibilidades y entonces, sin darme cuenta conocí ese otro tipo de amor, ese al que tanto se aspira.

«En unión y libertad», la promesa del sur (Parte III)

Aunque internamente estaba eufórica, caminé junto a mis amigos en calma hasta la cinta del equipaje y cual fue mi sorpresa cuando visualice mi propia ropa interior girando de un lugar a otro en pleno espacio público. En un rincón, mi pobre maleta abierta como quien está agotada y respira con la boca abierta, me había dejado en ridículo delante de un país. Levanté unas cuantas prendas más suprimiendo mis ganas de llorar entre la risa, la vergüenza y compasión de mis compañeros.

«En unión y libertad», la promesa del sur (Parte II)

Caminamos para estirar las piernas y observar todo antes de volver a la ruta. Me tomé unos minutos para colocar las manos cerca de las piedras húmedas y tomar algunas fotografías. La majestuosidad de un país se levantaba frente a nosotros que habíamos tomado la decisión de decir adiós, de despedirnos de la tierra que nos proporcionó la vida, que nos vio nacer.

«En unión y libertad», la promesa del sur (Parte I)

Esa tarde, como muchas otras en Caracas, los árboles se pintaron de naranja como una mentira de otoño porque sus hojas no se precipitan contra el viento huyendo de la intensidad del frío. Antes de ese día, quizá yo no era consciente de lo mucho que amaba las calles y aceras angostas, el polvillo molesto de la montaña que te hace estornudar y el olor a miel de los árboles que te transporta inmediatamente al amarillo. Tomé una malta en la estación y a las seis de la tarde a través de mi ventana vi llorar a quienes me vieron crecer, a los que me amaron y sobretodo a mi mamá.

Los límites de la frontera

Mi cuerpo dejó de pertenecerme, estaba desligada del tacto, de las caricias o los maltratos, tenía ese vacío interno que me daba plena seguridad de que en cualquier momento los edificios a mi alrededor se derrumbarían. Pasé largas noches con los ojos pesados de cansancio sin poder dormir, desesperada hiperventilando angustiada y sin saber a quién acudir. Sabía que estaban cansados de mi y de todo, yo estaba cansada de no disfrutar nada, de olvidar cosas, de no ser divertida, de no saber sonreír. Quería desaparecer.

El monstruo que fui

Es sencillo contarlo de ésta forma, visto así el «monstruo» del que hablo no tenía porque aparecer nunca. Cumplí mis objetivos, salí de un país venido abajo pero mi maleta rota traía más que tierra fronteriza y ropa, había emigrado con todos mis demonios en el equipaje.

«Sin sombra no hay luz»: Yo, la artista.

Solía pensar que sentir tristeza por todas estas cosas era exagerado y una muestra de debilidad, que el dolor que generaba lo que se sentía como la ruptura de la inocencia, de la benevolencia del mundo, del amor, debía ser superado y dejado atrás, como todo. Y la realidad es que no sobreviví a eso, si algo me rompió fue entender que a veces el mundo te patea, te vomita y te voltea aunque tú no seas responsable de nada.

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