Por donde entra la luz

Y aunque para el común de la población pueda parecerle ridículo y simple el vago retrato de la cotidianidad de cualquiera, quien les escribe es una persona que no se cepillaba los dientes por la noche porque no tenía ganas, que dormía doce horas o más con tal de evadirse, que no establecía diálogo presencial con prácticamente nadie y que no podía ver demasiada televisión porque le generaba ansiedad.

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