Desarraigo: Donde todo converge

Y es que ésta diaspora venezolana guarda tantas historias increíbles que la mía sólo es una cuenta del rosario infinito que abarca el mundo entero. Todo aquello que no ha sido dicho todavía, en unos años será el legado que edifique la moral de nuestra amada tierra.

«En unión y libertad», la promesa del sur (Parte III)

Aunque internamente estaba eufórica, caminé junto a mis amigos en calma hasta la cinta del equipaje y cual fue mi sorpresa cuando visualice mi propia ropa interior girando de un lugar a otro en pleno espacio público. En un rincón, mi pobre maleta abierta como quien está agotada y respira con la boca abierta, me había dejado en ridículo delante de un país. Levanté unas cuantas prendas más suprimiendo mis ganas de llorar entre la risa, la vergüenza y compasión de mis compañeros.

«En unión y libertad», la promesa del sur (Parte II)

Caminamos para estirar las piernas y observar todo antes de volver a la ruta. Me tomé unos minutos para colocar las manos cerca de las piedras húmedas y tomar algunas fotografías. La majestuosidad de un país se levantaba frente a nosotros que habíamos tomado la decisión de decir adiós, de despedirnos de la tierra que nos proporcionó la vida, que nos vio nacer.

«En unión y libertad», la promesa del sur (Parte I)

Esa tarde, como muchas otras en Caracas, los árboles se pintaron de naranja como una mentira de otoño porque sus hojas no se precipitan contra el viento huyendo de la intensidad del frío. Antes de ese día, quizá yo no era consciente de lo mucho que amaba las calles y aceras angostas, el polvillo molesto de la montaña que te hace estornudar y el olor a miel de los árboles que te transporta inmediatamente al amarillo. Tomé una malta en la estación y a las seis de la tarde a través de mi ventana vi llorar a quienes me vieron crecer, a los que me amaron y sobretodo a mi mamá.

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