Instrucciones para caer: caramelos

Al principio, aquello era solamente llanto y disociación, repetía escenas de episodios dolorosos una y otra vez, las sentía en mi cuerpo arder como una llama destructora. Luego pasaba y al retomar conciencia trataba de hallarme dentro de aquel espacio rectangular en Villa Crespo.

Instrucciones para caer: suicidio

No era que quisiera matarme, solo deseaba morir. No existía entonces ninguna acción pequeña o grande de la cotidianidad que no doliera con la intensidad de una quemadura de tercer grado, mientras más tiempo me miraba, menos me encontraba.

Desarraigo: Donde todo converge

Y es que ésta diaspora venezolana guarda tantas historias increíbles que la mía sólo es una cuenta del rosario infinito que abarca el mundo entero. Todo aquello que no ha sido dicho todavía, en unos años será el legado que edifique la moral de nuestra amada tierra.

Una estampa para el perdón

Quienes hacemos parte del colectivo lo hemos aprendido, lo hemos hecho consciente. Yo llegué a creer que no había vida después de los veinticinco, después de haber muerto en tantos lugares y de tantas formas distintas, luego de lograr buena parte de los objetivos que me había planteado a corto plazo, de haber tropezado y dicho tantas estupideces estando fuera de mi, de conseguir que aquellos hombres férreos y estoicos lloraran como criaturas, de tragar tantas pastillas deseando desaparecer, de irrespetar mis creencias y valores, de orillar a mi familia a perder la razón.

Por donde entra la luz

Y aunque para el común de la población pueda parecerle ridículo y simple el vago retrato de la cotidianidad de cualquiera, quien les escribe es una persona que no se cepillaba los dientes por la noche porque no tenía ganas, que dormía doce horas o más con tal de evadirse, que no establecía diálogo presencial con prácticamente nadie y que no podía ver demasiada televisión porque le generaba ansiedad.

Autopsia para un desastre

No eran los de afuera quienes me guardaban rencor, era yo quien se sentía incapaz de perdonarse. La idea de morir dejó de ser sólo eso cuando la convertí en realidad. Se me terminó el tiempo para surfear los traumas instaurados en mi sistema, las cosas dichas y hechas, las mentiras y la ilimitada capacidad personal para hacerme cargo de de todo el mundo menos de mí misma.

El estigma

Todo lo que viví cuando estuve en ese foso llamado depresión: alcohilozándome cada fin de semana, llorando cada noche, presionando a quienes me amaban y minimizando su sentir. Porque cuando estás deprimido te odias, quieres que el mundo se pare y vea que estás mal, sin quererlo te haces adicto a la lástima hasta que llegas al punto en el que, ni obteniendo lo que quieres eres capaz de conformarte.

Remitente: Tesorito escondido

Estaba tan molesta con todo y por todo ¿Por qué no habías sido capaz de amarte y de respetarte? Si hubieses tratado de sanar jamás nos hubieses lastimado. Fue allí donde entendí desde donde trabaja el ego, bajo esa falsa sensación de control que tanto me inculcaste y que al final nos lleva a erguirnos desde un lugar en el que perdemos la capacidad de comprender al otro, de ponernos en sus zapatos y respirar su aire. El lugar que decidiste ocupar invisibilizando a quienes realmente te necesitábamos.

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