De la bronca y otros demonios

«Urania, estas escribiendo con bronca» Eso es lo que dicta mi conciencia y si, es momento de dejar salir un poco la rabia en estas letras. Que no se me olvide que yo también soy humana y que neciamente volví a colocar el pecho desnudo para que dispararan. 

Temporada de autodesprecio

Temporada de autodesprecio porque cuando visualizo al espejo solo veo al monstruo de ojos inyectados en sangre, con piel palida y los labios secos. Temporada de odios porque no puedo abandonar el cuero que me recubre y correr detrás de un sueño liviano. Temporada de silencio porque hablar es el equivalente a golpear. 

No hay respuestas correctas ni lugares seguros cuando la violencia te mancha dentro de tú propia cabeza. 

La que era ella

Entonces ¿Quién era Urania hace tres años? Era una mujercita caprichosa y delgada que había logrado culminar la licenciatura en Artes Plásticas, que se desempeñaba como Especialista en Eventos dentro de la oficina de Promoción Cultural en una importante fundación, estaba realizando un Diplomado en Psicodrama, tomaba clases de canto los días lunes en una escuela de teatro, se había adjudicado las responsabilidades de su casa, iba alternando la frustración con la emoción y mantenía una relación a distancia con una persona a la que amaba profundamente pero a quien ya no podía comprender del todo, situación que funcionaba de la misma forma en viceversa. 

La herida

Se equivocan, yo no soy especial por estar rota pues la normativa de mi sistema familiar siempre fue golpear hasta quebrar, destrozar y alterar; el abandono, la evasión, la falta de responsabilidad. Crecí pensando que todas las personas que conocería serían tal cual aquellos que en algún momento me lastimaron a mí, o a mis primos. Pensaba y pensé hasta hace dos años que la consecuencia de estar viva era irremediablemente sentir dolor, hasta que entendí que el daño que le generas a una criatura en la primera infancia le acompañará toda la vida y qué no hay nada capaz de compensar el sentirse vulnerado dentro del lugar que se supone debería protegerte. 

La maison deiu

Y yo que no entendía nada lo sentí todo. Fue cómo verme caer al vacío desde mi oficina en piso seis, como perder el norte trazado por mi Ávila, fue volver a sentirme cobijada e inutilizada por la penumbra, fue observarme nuevamente derrotada por la oscuridad. Ella fue versando carta por carta cómo sobreviví estos años a mi peor enemigo: yo.

El viento lo llevamos por dentro

Todos los lenguajes humanos y también los espirituales me resuenan como ecos dentro de mi propio esternón. La que soy, la que puedo ser es mucho más que memorias dolorosas. He convivido tanto tiempo con el miedo de volver a ser algo cercano a lo que fui que he acabado suponiendo que mi intensidad e intuición recaían en la disfuncionalidad de mi vivir, del entorno y mis vinculaciones afectivas.

Fuera de foco

Quiero dejarlo por escrito, quiero hacer una declaración libertaria el día de hoy. Quiero revocarle el poder de pensar o de creerse con la potestad de asegurar que me volví loca por su causa, por su amor, por su rechazo. Nunca me sentí con tanta necesidad de aclararlo frente al mundo como ahora: yo no me perdí por él, no fue el motivo que me internó en un psiquiátrico ni tampoco el que me hizo querer saltar del edificio. Se equivoca, no fue él. No, no y no, era el infierno que llevaba por dentro y en el que permanecí sumida durante tantos años hecha trizas y pedazos lo que me arrastró hasta el fondo. Basta de regodearse sobre la falsa idea de ser el centro de mi vida. Fue todo y le quise como a nadie, pero ni siquiera eso fue suficiente para darme ganas de vivir y esa es la prueba de que no le debo mi locura, ella siempre estuvo dentro de mi.

Deshabitar(me): lo que hace un artista

Vamos por parte, éste texto soy yo tirada en mi cama luego de tomarme dos horas para cocinar el menú de lo que me queda de semana, limpiar el baño, la pieza, tomar una ducha y acostarme después de encender el aire a veintitrés grados y plantearme que algo tengo que empezar a hacer con mi tiempo. Y es que, hace semanas que me va bien si como o no como, si me ejercito o no me ejercito, si leo o veo la televisión, aunque esto me genere un cargo de consciencia insoportable. Sólo soy yo frente a mí misma preguntándome ¿Qué carajos estoy haciendo con mi vida?

Especial: Ningún número más

No, no más cifras, no más números: esos seres humanos son personas reales con sentimientos reales que tratan de aprender a lidiar con una patología que amenaza con limitarlos mental y emocionalmente. El encierro afecta la capacidad motriz, las habilidades sociales y el desenvolvimiento dentro de este mundo veloz que cambia constantemente cada vez más. Ninguna persona tendría que residir en espacios que deterioren su capacidad cognitiva y su relación con la realidad, tolerar maltratos y vejaciones, sucumbir ante el abandono de parientes y amigos.

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