No fue tu culpa

«Una huella es la presencia de una ausencia» solía decirnos Víctor en los años de universidad. Este que es mi cuerpo es más que carne y unidad, son retazos de momentos, son pinceladas, son cortes, son todos los cabellos que se caen en otoño y las uñas que se quiebran durante la jornada. Mi ser por entero es justamente la presencia de esa ausencia, de eso que fue pero ya no es. 

Seis meses después [Parte I]

El río no deja de ser generoso incluso cuando sus cauces pueden inundar y destruir, la nieve sigue siendo magnífica aún en el peligro que supone y los riscos monumentales son tan bellos como letales. Entonces yo, no podía reducirme a lo mínimo por un desprecio: yo sigo siendo entereza aún después de todas las veces que la vida me ha roto. 

De la bronca y otros demonios

«Urania, estas escribiendo con bronca» Eso es lo que dicta mi conciencia y si, es momento de dejar salir un poco la rabia en estas letras. Que no se me olvide que yo también soy humana y que neciamente volví a colocar el pecho desnudo para que dispararan. 

Ensayar la despedida

Necesito reconstruir este mapa imaginario con palabras, necesito darle contexto, necesito entender el porqué del apego, una explicación a mi dolor. Comprender porqué separarse se siente como si estuviesen arrancándome la piel de a trozos.

Positivo para aislamiento

La idea para el blog era arrancar cerrando etapas, cambiando discursos y abriendo nuevos textos; más cortos pero igual de reflexivos. Realmente no pensé que me daría covid la misma semana que me vacunaban y muchísimo menos que esta sería la manera de arrancar el año “positivamente”. 

De amistad y redención

Quizás ninguno deseaba volver a ser herido, tal vez el miedo de perder lo conocido fue superior a la fuerza de su cariño. Por eso pude perdonar y perdonarme todo lo que pasó hace ya tres años. La redención no implica conciliar con el que nos lastimó sino con el daño en sí, somos humanos, tenemos cosas buenas y otras que no lo son tanto.

Temporada de autodesprecio

Temporada de autodesprecio porque cuando visualizo al espejo solo veo al monstruo de ojos inyectados en sangre, con piel palida y los labios secos. Temporada de odios porque no puedo abandonar el cuero que me recubre y correr detrás de un sueño liviano. Temporada de silencio porque hablar es el equivalente a golpear. 

No hay respuestas correctas ni lugares seguros cuando la violencia te mancha dentro de tú propia cabeza. 

La que era ella

Entonces ¿Quién era Urania hace tres años? Era una mujercita caprichosa y delgada que había logrado culminar la licenciatura en Artes Plásticas, que se desempeñaba como Especialista en Eventos dentro de la oficina de Promoción Cultural en una importante fundación, estaba realizando un Diplomado en Psicodrama, tomaba clases de canto los días lunes en una escuela de teatro, se había adjudicado las responsabilidades de su casa, iba alternando la frustración con la emoción y mantenía una relación a distancia con una persona a la que amaba profundamente pero a quien ya no podía comprender del todo, situación que funcionaba de la misma forma en viceversa. 

La herida

Se equivocan, yo no soy especial por estar rota pues la normativa de mi sistema familiar siempre fue golpear hasta quebrar, destrozar y alterar; el abandono, la evasión, la falta de responsabilidad. Crecí pensando que todas las personas que conocería serían tal cual aquellos que en algún momento me lastimaron a mí, o a mis primos. Pensaba y pensé hasta hace dos años que la consecuencia de estar viva era irremediablemente sentir dolor, hasta que entendí que el daño que le generas a una criatura en la primera infancia le acompañará toda la vida y qué no hay nada capaz de compensar el sentirse vulnerado dentro del lugar que se supone debería protegerte. 

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