Quiero decirte que creo que he hecho bien en venir aquí, porque, al ver la realidad de los locos y lunáticos de este grupo, estoy perdiendo mi vago temor, mi miedo a la cosa. Poco a poco voy considerando que la locura es una enfermedad como cualquier otra
Cartas a Theo por Vincent Van Gogh
Mientras hacía el camino de regreso a casa venía pensando si mi ausencia podía justificarse como un largo receso voluntario o simplemente un hiato temporal. Han sido meses en donde en lugar de volcar mi sentir en oraciones viscerales inicié la búsqueda de otros lenguajes con los cuales pudiese colmar el vacío que me había poseído.
Porque nuevamente hablando de duelos: atravesar este fue como tratar de caminar hecha pedazos intentando no desarmarme ni resbalar con la sangre que brotaba de las heridas.
Fue la esperanza porque por un momento realmente creí en lo mutuo y la conciliación, lo había sentido en aquellos besos al amanecer y en el abrazo que me sujetaba del torso y la cabeza mientras musitaba en mi oído que ya todo estaba bien.
Repito: la humanidad es frágil, tanto como lo son el rencor, la ira, la culpa y la tristeza. Me llené de odio, repulsión y amargura; volví a encerrarme en mi pasado y en todas las cosas horribles que había hecho olvidándome por completo hasta donde mis pies me habían traído.
Fue realmente necesario atravesarnos nuevamente enjuiciando nuestro carácter, nuestro innegable parecido para comprender que lo único que podemos hacer con el dolor es aceptarlo para intentar convertirlo en algo más grande que nuestra historia, que nuestras cicatrices. Fueron meses de mucho llanto, preguntas al aire y canciones tristes porque ahora mi dolor sonaba a indie rock veraniego mientras que mis rutinas se alejaban cada vez más de las respiraciones conscientes.
Y luego esa red que sostiene y apoya: mis amigues que cada noche en vela me escuchaban sin juzgar mientras me recordaban que la única Uri que ellos conocen es esta que soy hoy, y es a la que aman con intensa curiosidad. Y fue así también como Al me convenció de tomar un avión juntos y escaparnos una semana hacía el sur, aventurarnos a conocer Bariloche en auto mientras tomábamos fotos y buena cerveza.
Tuve mucho miedo al principio, miedo a comprar un nuevo celular, miedo de despedir personas que se fueron lejos, miedo de endeudarme y luego no poder pagar, miedo a sentir demasiado, miedo de seguir con vida. Recordé entonces esa frase que había leído en la costa en aquella escapada definitoria con mi amigue Sofi que me llevó a conocer parte del mar argentino:
“Vergüenza es no animarse. El único fracaso es no intentarlo”
Fue así como compramos los boletos, hicimos las maletas, pedí mis vacaciones y con mis ahorros y sin escatimar en lo que quería volamos a un complejo precioso a las orillas del río Nahuel Huapi. Abrir los ojos con el amanecer viendo como el amarillo pintaba las aguas de color cian me hizo entender que la inmensidad que nos compone no puede medirse por los momentos en los que hemos fallado; aunque haya sido a las personas que más amamos (incluyéndonos a nosotros mismos).

El río no deja de ser generoso incluso cuando sus cauces pueden inundar y destruir, la nieve sigue siendo magnífica aún en el peligro que supone y los riscos monumentales son tan bellos como letales. Entonces yo, no podía reducirme a lo mínimo por un desprecio: yo sigo siendo entereza aún después de todas las veces que la vida me ha roto.
Yo que en mi oscuridad he sido monstruosa y despiadada he encontrado el camino de vuelta hacía el equilibro en donde, habitando mi sombra puedo ser humana y convertir cada situación en un aprendizaje, intentando no juzgar, dando lugar al entendimiento que va más allá de la culpa. Y aunque a veces odio y me cuesta convivir con mi pasado, eso ya no me domina.
Sobre el barco navegando las aguas camino al bosque de los arrayanes, con el viento y la lluvia salpicando mi cara me sentí parte de la tierra y del mundo. Cada que el recorrido me topaba con la presencia de un chimango, sentía que se empeñaba en mostrar que aquella pequeña avecita se mantenía regia frente a las corrientes de aire más violentas: estoica y preciosa, como si supiera que eso también pasaría.
Le canté al río y al agua, le hice una promesa: no me rendiría hasta volver a navegar esa infinidad turquesa y a subir sus montañas olorosas y mágicas. Para eso debía encontrar el camino hacía mi verdadero lugar, al sueño que quería realizar. Con mucha compasión y escucha, priorizando mis necesidades antes que las de los demás.
Los paisajes de los senderos coloreados por la estación cargaron mis pupilas con imágenes oníricas y luego de llorar y gritar sobre un columpio que se balanceaba al borde de un abismo, determiné darme el permiso de arriesgar a lo desconocido, aún con pánico, aún sin compañía, aún con lo que cuesta sostener el peso propio.

El sur me enamoró sanando mi dolor con su clima y sus ríos. Por primera vez en mucho tiempo me hizo sentir en casa.
Al volver a la capital me inscribí en clases de teatro y de biodanza, era el momento de dejar marchar esa parte de mi que siempre dejo ir por momentos, jamás definitivamente. Me convencí de que podría llenar ese espacio vacío con lugares, canciones, formas y retos que no me había dado la oportunidad de incorporar en mi vida.
Aún desbaratada pero con esperanza arranqué un camino adornado por las hojas caídas del árbol que acompaña mi ventana y luego de visitar la obra inmersiva de Van Gogh (la cual lloré de principio a fin) y un nuevo corte de cabello retomé mi empleo y la rutina.
Todavía pienso mucho en cosas, en ideas que se ven mucho más nítidas ahora que ha transcurrido el tiempo pero procuro no rumiar demasiado. Estos ires y venires en mi vida han sido constantes los últimos diez años con la diferencia de que yo ahora soy más capaz de manejar todo sin que me destruya.
Los nuevos espacios habitados habilitaron un sentir diferente con perspectivas novedosas, más amables. Este ha sido un año acontecido, seguiremos informando más adelante.
Pd: Este texto fue escrito en compañía de Kalimba que decidió que hoy dormiría conmigo y tomando en cuenta su selectividad me siento realmente importante al compartirles esto. Luego les platicare de él.