De la bronca y otros demonios

Por favor déjame ir; por favor se que es difícil pero acéptalo

¿Qué tengo que aceptar? Esa pregunta me la hice mucho rato: tres años aproximadamente. Y ahora que he empezado a explorar esto del hacer las cosas con miedo aunque me aterre quizás la respuesta es más sencilla de lo que imaginaba:

Acepta que no te quiere y que muy probablemente hubo mucho tiempo juntos que tampoco lo hizo. Que quizá te buscó sólo como una forma de engrandecer su ego. Que es deliberadamente una de las personas más egoístas que haz conocido.  Acepta que no es el hombre especial que vos asegurabas, acepta que es un sorete que no se hace responsable ni siquiera de sus propios sentimientos y por último: acepta que fue él quien te falló a ti, no vos.

¿Me hace sentir mejor esto? No, en realidad no, pero si no empiezo a poner las cosas en su lugar probablemente las heridas nunca se van a cerrar. 

Hay personas que pecan de conocernos mucho y por eso saben justamente donde golpear. Yo regresaba de una escapada a la playa en una noche nublada y fría de la costa: estaba completa y absolutamente feliz de lograr reencontrarme con el mar en compañía de afectos. 

Ese fue el lugar que escogió para sumergirme en un escenario donde no sé quién de los dos colgaba del foso, como sino fuese poca cosa su intento de adjudicarme un fracaso que no me pertenecía cada una de sus palabras me arrinconaron en el mismo terreno de siempre: la culpa y las heridas que yo dejé en él. 

Después de muchos intercambios de palabras, música, deseos y hasta fluidos, nuevamente quedé despojada de humanidad en el medio de un enfrentamiento. Era mi culpa y todo el pasado en donde hubo compañía y contención dejó de existir. 

Por mi culpa, por mi culpa y por mi gran culpa, siempre sería yo quién cargaría con el pecado de vulnerar a las personas que me amaban sin derecho alguno a la redención. Un destierro ganado, un espacio para castigarme una vez más. 

Pero no estamos en una película ni escribiendo un nuevo testamento en la biblia. Estamos en los años veinte del siglo veintiuno, una era en donde sanar se está convirtiendo casi en una militancia y en donde ir a terapia es lo más normal del mundo. 

Y aún así pasé un par de meses por el piso preguntándome si podía haber hecho más y claramente la respuesta es no; que el universo termine con la patética necesidad que tengo de querer funcionar como centro de rehabilitación de adolescentes.

No podemos ayudar a quienes no quieren ser ayudados. Ha sido difícil para mi desligarme de la culpa de haberle dejado solo pero esto no fue un sentimiento compartido nunca, del otro lado todavía se justifica plenamente haberme soltado a mi suerte dentro de una institución mental.

Podría explayarme explicando las consecuencias de esto y todas las posibles repercusiones que pudo tener pero, hay gente que me ama y que me ha amado incluso cuando yo no era yo y fueron ellos quienes me sostuvieron hasta que pude andar sola. Gracias a eso los giros dramáticos que pudo tener mi historia fueron menos severos de lo que la crueldad pudo generar.

Drowning [The border] – Ura Urdaneta 2022

Yo no era una villana; era una persona con un cuadro depresivo psicótico. Lo cual lejos de generar empatía separó a las personas que se suponía estaban para acompañarme en un reducido grupo de «amigos» que se unieron más a raíz de mi ¿chantaje? ¿traición? ¿polémica? ¿egoísmo? ¿debilidad? No sé cómo titularlo. 

«Urania, estas escribiendo con bronca» Eso es lo que dicta mi conciencia y si, es momento de dejar salir un poco la rabia en estas letras. Que no se me olvide que yo también soy humana y que neciamente volví a colocar el pecho desnudo para que dispararan. 

Puedo vivir y convivir con el hecho de que haya personas que se tomen la energía de condenarme sólo porque si, lo que no me entra en la cabeza es como puedes seguir tan lleno de porquería luego de tantos años.

Quizás es eso lo que me hace llorar, ver que no queda nada de lo que alguna vez amé del otro lado y como siempre quise reencontrarme con el recuerdo de una persona que no existe; y que quizás nunca existió. A veces tengo la sensación de que los recuerdos son sólo imágenes noveladas, mitos de un pasado feliz que nunca fue. 

Y verme al espejo cada día para reconocer que siempre di todo y que aunque lo que recibía para mi era suficiente, lo más probable es que no fuese lo que merecía. 

He perdido el miedo de decir estas cosas en voz alta porque quiero dejar de sufrir. Aunque el duelo siga y aunque el dolor no se vaya rápido yo estoy aquí y tengo voz, una que puede gritar alto. Estoy aquí rodeada de un presente maravilloso que quise opacar por rescatar un recuerdo oscuro.

Creo que estaba rodeada de las personas equivocadas, y eso lo entiendo ahora que puedo expresarme con absoluta franqueza sin ser tomada como una soñadora pelotuda o una intensa que «siente y se expresa demasiado». No está mal expresarse, decir lo que pensamos y sentimos no tendría porque ser una red flag.

Si tienes a un importante grupo de personas que te dicen «sal de ahí » y vos te empeñas en ver luz al final del túnel, es bastante tu responsabilidad así que hazte cargo de las consecuencias. 

He podido largar todo esto y quizás sea mucho pero lo saben, saben cuantas entradas del blog han tenido que anteceder a este vómito sentido, intenso y real, cuantas mentiras me dije para no aceptar que a veces amamos a personas que no son buenas, y aunque esto no sea un pecado sólo tú puedes rescatarte de la mierda en la que te dejan.

A fin de cuentas siempre fue un ciclo, pero he perdido la disposición a repetir. 

Publicado por Ura Urdaneta Echezuria

Artista integral, escritora y sobreviviente. Escribo para tratar de entender lo que me pasa. Egresada como Artista Plástica en la Universidad Experimental Nacional de las Artes; Caracas - Venezuela. Actualmente residiendo en Buenos Aires.. Creo en el arte como posibilidad, como vehículo para la transformación personal y social. Promuevo la información para derribar los estigmas que existen en torno a la salud mental; podemos hacer la diferencia, podemos salvar vidas.

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