Temporada de autodesprecio

La sensación de vacío es un síntoma fundamental de la depresión y del trastorno límite de la personalidad o borderline. A menudo, quienes padecen trastorno límite de la personalidad no están en condiciones de sentirse a sí mismos. En general, sólo cuando se autolesionan sienten algo. El sujeto que tras verse obligado a aportar rendimientos se vuelve depresivo representa para sí mismo una carga muy pesada. Está cansado de sí mismo.

La expulsión de lo distinto – Byung Chul Han

No hay nada más alrededor, me estoy derritiendo sobre las sábanas como si las lágrimas pudiesen hacer más que deshidratarme. 

No quise subir la cortina de la ventana, estuve desesperada por disfrutar debajo de la colcha del absoluto silencio. Aislarme, si nadie habla no pueden herirme pero, si no lo hacen tampoco pueden ayudarme. 

Para ser honesta, la realidad es que nadie puede hacerlo. No hay romance en el colapso, no tiene porque teñirse de rosa la mezcolanza de nostalgia y culpa que te mantiene en posición fetal. 

Es un momento, es uno de los tantos momentos de mierda pero saberlo no evita que suceda, estar consciente no los desaparece. Cuando la noche aparece y te arropa con la lluvia mientras te arrebata el oxígeno, cuando el calor te afiebra y los sonidos dentro de tú cabeza no se detienen, nada ni nadie puede hacer que se vayan, ni siquiera tú. 

Temporada de autodesprecio, he decidido bautizarla. Me desprecio porque cada que pienso que gané una batalla se apersona la guerra y me tira, me pisa y le escucho reír. Es el recordatorio de una soledad tan justificada como nefasta, es la vida que se supone escogí antes de caer en este plano, el camino que en teoría me hará crecer. 

Pero hoy todo me parece una mierda. 

Quizás si estuviese casada, si hubiese decidido no irme del país, si ya contase con la existencia de un hijo mi tránsito se potenciaría a una escala superior. Ese amor absoluto, la voluntad de estar bien en pro de los demás, la dedicación y la vida para la pareja. «Mi esposo» «Mi marido» y todas esas cosas que tanto repudio me generan y que justamente por ello decidí rechazar: Mi mundo nunca más dependerá de la existencia de alguien más. 

Ese no sólo fue un error absurdo que no me inyectó nada de voluntad para luchar sino que además lo considero el mayor acto de egoísmo jamás perpetrado. Imaginen lo que fue para el otro sentir que la carga de que mi vitalidad dependía de su accionar, una existencia determinada por su amor o en caso contrario, de la falta de él. A eso debemos añadirle el sentido de percepción particular del que goza cada ser humano. 

Temporada de autodesprecio porque cuando visualizo al espejo solo veo al monstruo de ojos inyectados en sangre, con piel palida y los labios secos. Temporada de odios porque no puedo abandonar el cuero que me recubre y correr detrás de un sueño liviano. Temporada de silencio porque hablar es el equivalente a golpear. 

No hay respuestas correctas ni lugares seguros cuando la violencia te mancha dentro de tú propia cabeza. 

Collage 2021 – Ura Urdaneta

¿Quién te quiere? ¿Quién te necesita? ¿Quién te extraña? ¿Quién considera tú existencia una gracia de valor? Recuerdo aquello de que la infancia termina cuando sabes que vas a morir, o que te quieres morir que es peor. 

Silencio y pausa. 

Están las enfermedades que te matan porque te deterioran y están las enfermedades que te hacen desear querer morir. No puedes pedir unos días para «recuperarte» porque explicar que tienes gripe no es lo mismo que tratar de racionalizar el hecho de que la ansiedad y la angustia están haciendo merma nuevamente dentro de la habitación del pánico. 

De vuelta a la soledad y el consuelo de no joder a nadie. Retomando la pregunta ¿Habrá alguna persona capaz de quererme así? Mi vida no es una película, no es una apuesta de netflix para la inclusión. Estaría dispuesta a liberar a cualquiera si de antemano sé que puedo hacerle daño. 

Me cubro hasta la cabeza y vuelvo a ser un bollo. Retomo el llanto y me abrazo, pienso en mis textos, pienso en la música, pienso en el deseo que aprender y tratar de preparar quesofu, me aferro a la idea de observar el río, al sueño de retomar la presencia de un gato en mi vida. 

Vuelvo a suspirar, y lloro. Hago el intento de no maldecir nueva y estrechamente la maldita enfermedad que tan poco compasiva como venenosa, me lanza estos desaires como recordatorio de su tremendo abismo en vida. Y recuerdo la decepción de los que «Me era difícil asumir que estabas en un hospital psiquiátrico», como si mi mayor pecado fuese justamente el que mi cerebro no funcione como el de los demás. 

Temporada de autodesprecio, ¿cuanto dura la hija de puta? Es como el arranque de Forrest Gump y su caja de chocolates: Nunca sabes lo que te va a tocar. 

Hoy, hoy tocó respirar. 

Es el primer día en meses en el que todo lo que hice fue parar y llorar: por mí, por mamá, por mi yo de hace pocos años y por sobretodo, por nada realmente en particular. 

Sé que siempre seremos suficiente para las personas correctas pero, a veces necesito que me recuerden porque estoy acá. 

No es mi decisión arrastrarme contra el piso queriendo desaparecer, sólo pasa. La manera de superarlo es aguantar, no negar y refutar cada pensamiento de mierda que se entrelaza con otro. Puede tomar horas pero a veces esos minutos se convierten en días y me canso, me canso de seguir mirando al monstruo en el espejo del baño. 

Espero algún día poder dejar de pelear, que esto pase menos, que la miseria se apague. Sigo soñando con la fecha en la que la depresión desaparecerá.

Y a veces también fantaseo con la idea de irme a dormir y no volver a despertar. 

Escribir últimamente parece el único camino para plantarme frente a la enfermedad. Es el camino que deseo tomar para poder avanzar. 

No soy víctima ni victimaria ni de nadie ni de nada. Que mis luchas queden claras, aunque me someta y me torture, que un trastorno no me convierta en un ser humano fatal; es ese quizá mi más profundo deseo. 

Y dormir. Cuando duermo el mundo duele mucho menos. Temporada de autodesprecio, temporada para desconectar. Sólo dormir y nada más. 

Totalmente incapaz de liberarse de sí, se obsesiona consigo mismo, lo cual conduce paradójicamente al vaciamiento y a la merma del yo. Encapsulado y atrapado en sí mismo, pierde toda relación con lo distinto. Yo me puedo tocar a mí mismo, pero solo me siento a mí mismo gracias al contacto con el otro. El otro es constitutivo de la formación de un yo estable.

La expulsión de lo distinto – Byung Chul Han

No hay respuesta correcta en el capitulo de ningún libro. La intricada es diferente para cada ser, por eso hay quienes permanecemos y otros muchos que deciden abandonar. Cuando estás acá aprendes el valor de no juzgar porque a veces realmente la única salida pareciera diluirte sobre la cama cuando no puedes parar de llorar.

Publicado por Ura Urdaneta Echezuria

Artista integral, escritora y sobreviviente. Escribo para tratar de entender lo que me pasa. Egresada como Artista Plástica en la Universidad Experimental Nacional de las Artes; Caracas - Venezuela. Actualmente residiendo en Buenos Aires.. Creo en el arte como posibilidad, como vehículo para la transformación personal y social. Promuevo la información para derribar los estigmas que existen en torno a la salud mental; podemos hacer la diferencia, podemos salvar vidas.

Deja un comentario

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar