Coexistir con la frontera
«La esperanza es una forma de albergar tristeza»
— Anónimo
Hace un tiempo que reconozco que me angustia observar el transcurso de los segundos, los minutos, las horas, los días,las semanas y los meses. Hace también un tiempo que trato de entender como podría iniciar este espacio, como dar la bienvenida a quienes quieran curiosear las consecuencias de un brote de locura, del desequilibrio químico, del dolor no asumido, de la violencia intrínseca al ser humano, de la dejadez en nuestra etapa más vulnerable.
Tuve que transitar dos primaveras para poder desarrollar un lenguaje que fuese capaz de reproducir de la forma más literal lo que intento expresar. Una de las mayores limitantes de esta «condición» es la facultad para verbalizar las emociones y sentimientos. Cuando inicié mis estudios en la escuela de arte, me di cuenta que el pintar, el dibujar y el componer se habían convertido en formas de gritar. Así, en la vida diaria podía dedicarme a existir como un ente responsable, romántico, luchador a los ojos de quienes me rodeaban mientras por dentro vivía tratando de darle un sentido a todos los pedazos que se me colaban fuera de las manos.
En una ocasión, una querida amiga me calificó de «fatalista». En un primer momento realmente me sentí ofendida pero con los años y viendo hacía atrás comprendí que en realidad nunca he sido demasiado feliz. Siempre existió un vacío constante, incontrolable y absoluto que no se llenaba con nada. Viví durante los últimos 10 años negando una fractura interna que se manifestó inconscientemente en todos los aspectos de mi vida. Lastimé y herí a personas que amaba profundamente y que jamás me hicieron daño, los lleve a lugares en donde nadie debería estar. ¿Que me trajo al borde? Mis propios pies, sólo que el momento crítico se puso de manifiesto cuando me di cuenta que no veía a nadie reflejada en el espejo, que esas manos no eran mías, que la boca estaba muda y que dentro de «mi» cabeza una voz ordenaba a mis pensamientos que debía desaparecer.
Un monstruo que se apoderó de mi piel y mis huesos destruyendo todo lo que alguna vez construí y amé, mi presente inmediato al emigrar. Esa aberración sin memoria, sin consideración, sin libertad, manipulador y agresivo, ese que fui y al que aún tengo miedo de mirar. Porque no ha desaparecido y hay noches donde todavía se burla de mi, se encarga de repetirme alguna anécdota bochornosa más espantosa que la otra y me mira a los ojos recordándome que la negación de la oscuridad nos lleva a eso, a la autodestrucción.
¿Cómo sigues viviendo después de haber hecho tanto daño?
Una parte de ti no lo hace porque muere en el proceso, tus creencias se destruyen y la persona que eras, desaparece. Hicieron falta un largo periodo de depresión, un par de sobredosis, un breve estado de alcoholismo, una absoluta sensación de abandono, 3 meses de internación, múltiples cortes en los brazos y unos cuantos ataques de pánico y brotes psicóticos para entender lo que significa asumir la relevancia de modificar en tú vocabulario la palabra culpa por responsabilidad. Durante más de un año no deje de ir a terapia y de tratar de comprender lo que me pasaba, en esos meses comprendí que no se puede cambiar el pasado pero podemos ser mejores de lo que eramos en el presente.
A veces, aún sufro de momentos en donde quisiera correr al medio de la calle y gritar «Lo siento» «Perdón». Entiendo que eso no va a cambiar nada, asumirme humana, si. El único perdón por el que sigo adelante es el que yo misma puedo darme después de habitar durante tanto tiempo la oscuridad. Hoy escribo porque mi mayor deseo es volver a pintar, volver a ensamblar, a hacer obra y creo que solo sacando todo esto puedo volver a darle sentido a ese lenguaje al que le debo todo.
Creo que vale la pena destacar que hoy tengo el valor de escribir estas cosas porque existen personas que no han dejado de creer en mi incluso siendo egoísta y desconsiderada. Ellos me recuerdan mi valor, que soy una persona más allá de mi diagnóstico pero también son mi espejo, tienen la fortaleza y la bondad de ponerme límites cuando empiezo a volar de mi y por tanto, han sido maestros fundamentales para comprender la evolución y el desapego, estrategias que me construyen y edifican ahora que estoy bien. El no ser víctima sino responsable, del entender que nadie nos daña, somos nosotros quienes escogemos a través de quienes nos hacemos daño.
Gratitud infinita para Jhura y Oliver quienes apoyaron este proyecto desde el inicio. A Sara y Carlos quienes se convirtieron en mis guías espirituales en el transito de la sanación. Mi mamá y mi hermano también se han esforzado por comprender lo que pasa, así que aún en la distancia no dejan de apoyarme. A Gustavo quien durante un año caminó junto a mi, me contuvo, me cuidó y me ayudó a reencontrarme conmigo misma.

Mi nombre es Urania. Emigré de mi país a los 24 años y 6 meses después mi vida se detuvo. He vivido la mayor parte de mi adultez al borde de un precipicio, no tenía forma de saber que mis neurotransmisores enloquecerían al llegar a Buenos Aires destruyendo todo lo que conocía. De estar en la frontera, de eso quiero hablar: de como aprendí que los sentimientos y las emociones se pueden regular, que nada es blanco o negro, que no hay un para siempre y que el amor propio solo se construye cuando te aceptas completamente. Mi nombre es Urania y quiero dar más información para eliminar el estigma de lo que significa ser una persona Borderline.
Amore, gracias por existir. Gracias por ser fuerte. Gracias por hablar! Me agrada mucho leerte ❤
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¡Esto es arte! Hermoso, expresivo, sincero, visceral, vulnerable, cercano; siento que leo a una artista de otra época, que reencarno en ti, que sabe que algunos procesos son dolorosos, oscuros, densos, muy profundos y el se transforma ahí, es luz y lo será para otros. Muero por seguir leyéndote.
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Me encanta leerte Urania… al hacerlo comparto sentimientos contigo en este proceso!! un fuerte abrazo y bendiciones para este hermoso proyecto!
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